En más de una ocasión os he contado la importancia que tiene la institución
fika dentro de la idiosincrasia sueca.
Esta mañana, a las siete, la inmobiliaria me mandaba a un carpintero para que me arreglase un par de cosas de la casa.
Hasse cumple con todos los requisitos para convertirse en el más típico estereotipo del trabajador sueco. Cinturón para las herramientas, uniforme azul de trabajo, bigote (ejem...), porción de
tabaco en polvo bajo el labio superior y cómo no? severa disciplina a la hora de desempeñar sus tareas.
Aprovechando que lo tenía en casa, le digo también que las juntas de una de las ventanas están muy desgastadas y que habría que cambiarlas.
-Hasse (todo duro él): no lo puedo arreglar ahora. Tienes primero que dar parte a la inmobiliaria.
-Yo (con una caída de pestañas que ni Bambi): y no podrías mirarlo siquiera? Es que entra un aire muy frío.
-Hasse (sin inmutarse ante el desamparo de esta indefensa señorita): lo siento, llama primero y comunícalo.
-Yo (con ojos de cordero degollao): acabo de hacer café. Quieres una taza?
-Hasse: qué ventana es?